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La Generación 2017 pasará a la historia de nuestro colegio como un grupo de personas de gran talento, especialmente artístico. Coreógrafos y bailarines, músicos que fueron más allá de la guitarra, fanáticos del animé, graciosos actores  y premiados y publicados escritores. Esto, sumado a la participación en toda actividad escolar, dejará, sin lugar a dudas, una huella imborrable en la memoria de nuestro colegio. 

   

En los patios de este colegio escribieron una historia y su inicio se encuentra en los primeros años de la prebásica. La primera en llegar al John Dewey, vino sin siquiera haber abierto sus ojos: Emiliana Godoy, la más antigua de la Generación 2017, a quien recordaremos como una alumna muy puntual, responsable, educada y, sobre todo, muy esforzada. Le tocó dar la bienvenida a los que llegaron al playgroup: Valentina Jara, quien se destaca por ser, en términos antiguos, una señorita, siempre muy educada y resiliente. Con ella también llega, Pilar Cruz a quien definimos como una luchadora, una persona que se ha superado a sí misma, dispuesta a ayudar a los demás. Las acompañó Soledad Valdivieso, quien es conocida en nuestra comunidad por ser una equitadora de excelencia, por su responsabilidad y esfuerzo. Y el único pequeñito que sigue hasta hoy en día de ese playgroup es Nicolás Celestino y Monti quien sigue siendo un niño de corazón y cuyas travesuras serán recordadas por varias generaciones.

 

Estos cinco fundadores les abrieron las puertas a los  tres que llegaron en prekínder:  Catalina Arbildua, quien desde pequeña mostró su particular sentido del humor, que se fue refinando con los años hasta llegar a convertirse en una lingüista destacada. Junto con ella, venían dos compañeritos: Diego Meza, un alumno multitalentoso, muy caballero y consciente del mundo en el que vive; y con él, llegó Reimundo Ossa quien tiene un reloj bastante distinto al del resto de la generación y desde siempre ha sido un alumno muy afectuoso, que aportó una energía chispiante a su curso. 

                      

En kínder se siguió escribiendo la historia con tinta nueva de cinco compañeros: para mostrar a su nivel el lado B de la cultura y el arte, pero con una inmensa creatividad llegó a la generación Catalina Neira (nuestra princesa Mononoke).  Otro escritor en ciernes se sumaría en el 2005, Lorenzo Robledo, quien ha sido un estudiante de pensamientos profundos y muy creativo, especialmente en lenguaje. Ese mismo año llega Felipe San Martín (el Pipe), destacado siempre por su esfuerzo, manifestado tanto en lo académico como en su pasión por le deporte. También se sumó Anita Rozas, quien aportó su simpatía, carácter conciliador y su conciencia social y política. Y cerrando la lista de kínder, tenemos a una linda bailarina folclórica que floreció en sus últimos años escolares, Florencia Andai (la última de la dinastía Andai en el colegio).

 

            Terminamos el capítulo de la prebásica y ustedes comenzaron a escribir otro: el de la enseñanza básica. A  primero llegaron tres integrantes bastantes representativos de esta generación: Panagiotis Psijas, que desde chico ha sido un griego clásico: mente y cuerpo,  un filósofo deportista. Josefina Mardones, una señorita muy risueña y simpática, con grandes habilidades artísticas y, Agustina Carmona, quien será recordada por su gran educación, su talento para el baile y sus reacciones químicas en el laboratorio. Quien la acompañó en el experimento llegó en segundo, Francisca Duhamel, la que desde chiquita demostró su fuerte e intensa  personalidad y sus habilidades histriónicas. Con ella se integraron a la generación dos caballeros: Fabián Miranda, un excelente alumno: responsable, estudioso, solidario y ahora musculoso, siempre junto a su amigo Ignacio Rodríguez, destacado por su talento artístico, tanto en lo musical como en la escritura. Sin duda, un gran aporte a la generación. 

 

            Sigue avanzando la historia y en quinto y sexto se incorporan a la generación cuatro integrantes esenciales: en quinto llega un bailarín folclórico y moderno, amante de los números y del básquetbol, Gonzalo Cortés, eterno contendor en los dancing boys del coreógrafo oficial del colegio: Vicente Contador, quien llegó en sexto con sus aires campestres y amor por el golf. Con él se integra el sonriente Nibaldo Jaque, parte fundamental de las travesuras del IV A, pero siempre muy caballero y cooperador. También conocimos a Carla Morales, el amor platónico del John Dewey,  una gran bailarina y una estudiante esforzada y respetuosa.

   

            En séptimo básico se produce una una revolución con la llegada de tres estudiantes: desde Villarrica, Javiera Woywood, una estudiante introvertida y responsable y muy educada. Junto a ella aparece el niño que no le gustan las vacunas, pero que es amante de las banderas, del cubo rubik y de la música, es decir, José Gallo. Con él, otro inolvidable, el gran (gran)  Genaro Spoerer, un huaso fanático del animé y con un especial sentido del humor e histrionismo.

       

            Y ya llegamos a la media, mucha historia ya está escrita, pero aún faltaba que se incorporaran los cuatro últimos personajes. Dos importaciones, desde el sur y desde Argentina se integran a primero medio, una educada y bailarina Constanza Pérez llega desde Pucón y el deportista cordobés Juan Piatti, quien ha aprendido a hablar en chileno con el tiempo. Como suele ocurrir en las narraciones, hay personajes que se van y luego reaparecen; es el caso de Raúl Sabando, un estudiante muy educado, responsable y un excelente músico y argumentador, quien se incorporó a su curso a la perfección. Lo mismo ocurrió con la última en subirse a esta aventura, Rocío Godoy, una alumna llegada desde el norte con una voluntad de oro y siempre sonriente (sonoramente sonriente) y colaboradora con su curso.

    

            Y así llegamos a cuarto medio, con dos cursos distintos, pero complementarios: Un grupo muy histriónico y recordable por sus actuaciones y de pensamiento inquieto y cuestionador.  

 

 

¡LES DESEAMOS ÉXITO EN TODO LO QUE EMPRENDAN!

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 

 

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